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PREVENCIÓN
SOBRE EL USO INDEBIDO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS: por Psic. Horacio S. Tabares INTRODUCCIÓN Adicciones
e uso indebido de sustancias psicoactivas han pasado a ser comportamientos
relevantes que van a signar, como estigma, a la sociedad de fin del
milenio. Y hablamos no solo del consumo de drogas "ilegales"
(marihuana, cocaína y otras), sino también de aquellas que tienen libre
circulación, y cuya ingesta está socialmente propiciada como por ejemplo
alcohol y psicofármacos. La naturalización de su uso determina que sean
las sustancias con mayor circulación entre la población. El
caso del alcohol es paradigmático. Según estimaciones de técnicos de
SEDRONAR, en el año 1989 había en el país alrededor de 2.000.000 de
personas comprometidas en su abuso. En nuestra propia experiencia de 10 años
dirigiendo un Centro Comunitario de Salud Mental hemos confirmado que es
esta sustancia la más consumida, con el agravante que en la medida que se
extiende y aumenta su uso, disminuye la edad de iniciación en esta práctica. El
tema de los psicofármacos merece un capítulo especial. Se ha
generalizado su uso en diversas franjas poblacionales. Su ingesta al
margen de prescripción y riguroso control médico provoca peligrosas
consecuencias en la salud comunitaria. Leemos "los argentinos
consumen más ansiolíticos que aspirinas" según estimaciones de la
O.M.S. en la Argentina hubo en los últimos 2 años un aumento que duplicó
el consumo de benzodiacepinas ... Las cifras que con mayor confiabilidad
hoy podemos manejar indican que a lo largo de un año, 1992, en el país
se vendieron 17.600.000 tranquilizantes de la familia de las
benzodiacepinas en envases de 30 unidades, en tanto se vendieron
15.646.400 envases por 10 unidades en el mismo período. Fuente La Capital
Rosario, 26/11/95, Pág. 4 – 3ra sección. Con
estos datos podemos inferir que aproximadamente un 10 % de la población
hace uso indebido de sustancias psicoactivas (legales e ilegales). Podemos,
entonces, afirmar que esta cuestión ha pasado a ser uno de los problemas
fundamentales en salud mental, que exige respuestas de la sociedad en su
conjunto en la próxima década. Tan es así que especialistas como Kalina
no vacilan en calificar la situación como una verdadera pandemia (Kalina
1987). Es
que el abuso de sustancias daña no solo al organismo y los sistemas de
producción del pensamiento del consumidor, sino que lesiona la trama
familiar y al tejido comunitario. La crónica periodística abunda
diariamente en hechos donde la violencia irracional se articula con el
consumo de sustancias, potenciándose mutuamente y conformando una dupla
que encontramos presente en contextos urbanos conflictivos. El
problema adquiere caracteres dramáticos cuando constatamos cómo una
geografía de carencias erosiona los dispositivos familiares de sostén y
contención, abonando un sendero de frustraciones, que gestan las
condiciones para la emergencia de personalidades con serias
"fallas" en su constitución. Sujetos con estructuras internas
frágiles que los predisponen a encontrar en las sustancias químicas
alternativas -fallidas- a sus conflictos. Bien
sabemos que la escuela no es una isla, sino que por el contrario es parte
y expresión de la sociedad de donde emerge. Por tanto esta problemática
de consumo y violencia también afecta, y es motivo de preocupaciones
frecuentes tanto de docentes como de directivos, y también de otros
sectores de la comunidad que a veces se sienten impotentes para generar
las respuestas adecuadas a este fenómeno. Estas
líneas tienen como objetivo abrir un debate sobre el tema, y aportar
algunas ideas que puedan servir a aquellos preocupados por resolver estas
situaciones conflictivas. LA
ECUACIÓN ADICTIVA
(La drogadicción como fenómeno social) El
consumo de sustancias como una operación modificadora de la conducta
humana es un hecho conocido desde la antigüedad. Pero el grado de
profundidad y amplitud que ha alcanzado en la actualidad es algo inédito,
y que requiere de quienes trabajamos en el tema un esfuerzo para su
interpretación. Es
en esta dirección que hemos propuesto la categoría "ecuación
adictiva" como un intento de dar cuenta de la compleja situación
actual que ha determinado esta difusión masiva de comportamientos de
consumo. El
hecho constatado es que para que aparezca una conducta consumista deben
poder relacionarse socialmente sujetos necesitados de, con una estructura
proveedora de drogas (ya sean éstas legales o ilegales). Como vemos en
esta ecuación tenemos dos términos definidos -personas con
disponibilidad para la ingesta, e instancias que suministren- siendo ambos
emergentes de una sociedad y una cultura en crisis. Hemos
denominado a la instancia proveedora como "efector adictivo".
Bajo este término designamos a todo sistema que produzca, comercialice y
distribuya sustancias, naturales o sintéticas, legales o ilegales, que
por su incorporación al organismo humano modifican su comportamiento,
inciden en su tono emocional y alteran su pensamiento. Los
efectores adictivos son verdaderos complejos industriales que se dedican a
la fabricación (y posterior colocación) de algunas de las mercancías más
rentables de esta sociedad globalizada. Para tener una idea de la magnitud
de esta producción cito algunos casos: "en 1996 se produjo 5.000
toneladas de goma de opio, de las que una tercera parte se consumió como
opio y las otras dos terceras partes se transformaron en 300 toneladas de
heroína. Perú, Colombia y Bolivia producen el 98 % de la coca mundial;
en 1996 se produjeron 1.000 toneladas de cocaína provenientes de 300.000
toneladas de coca". Ver Posición ética y moral de la Santa Sede con
relación a la droga. Universidad Católica de Santa Fe. 1998. Estas
y otras drogas implican la acumulación de miles de millones de dólares
que son el producto de este macabro negocio, y quienes manejan estos hilos
se han transformado en estados dentro de los estados gestando complejos
problemas a la economía mundial. Ahora bien, si como plantea el citado
artículo, en 1996 se produjeron 1 .000 toneladas de cocaína para que
arroje ganancias a su productor hay que ponerlas en el mercado. Para ello
debe llegarse a millones de personas que la consuman. Por tanto estas
sustancias producidas a escalas planetarias necesitan de sofisticados
dispositivos de promoción, de inducción al consumo, como también de
distribución y comercialización. Con este ejemplo quiero mostrar detrás
de toda situación adictiva se mueve un poderoso aparato que promueve
estas acciones. Quiero decir que nada más alejado de la realidad que esa
concepción del adicto como una figura que usa a la droga movido únicamente
por motivaciones intrapsíquicas. Estudios psicosociales nos han
demostrado la posibilidad de generar o de inducir la emergencia de
necesidades culturales en amplias franjas de la población. Claro
que esa oferta debe asentarse en condiciones determinadas de importantes
grupos humanos para los cuales la droga cumple funciones impostergables.
Se abre aquí la reflexión sobre el otro polo de la ecuación adictiva, o
sea al sujeto. La cuestión es interpelar a los contextos culturales y
sociales para indagar allí las condiciones de producción de
subjetividades con "fallas" que los determinen proclives para el
consumo. Pero para sentar hipótesis que den respuestas a este
interrogante será necesario primero repensar la función que cumplen las
drogas en la dinámica psíquica. DROGAS
Y SUBJETIVIDAD Una
de las funciones más importantes que tienen las sustancias psicoactivas
en el hombre es la modificación de sus estados emocionales. Y esta
condición, determina que en ciertas situaciones estas sensaciones sean
experimentadas, por parte del consumidor, como placenteras. De allí
deviene una de las razones una de las razones por las cuales -uso
prolongado mediante- pueden transformarse en adictivas. ¿Porqué
el sujeto necesitaría ingerir sustancias que modifiquen su tono anímico?.
En términos muy generales responderemos señalando que cuando una persona
se siente invadida por un dolor psíquico que no está en condiciones de
soportar es que recurre a estas apoyaturas químicas. Ahora bien, ese
soporte puede ser transitorio o por el contrario el sujeto puede quedar
prisionero en él. ¿De qué factores depende que se comporte de una u
otra manera?. Podemos afirmar a título provisorio que estos
comportamientos están determinados por la calidad de recursos internos
que dispone la persona en cuestión. Es decir por la solidez y equilibrio
de sus estructuras psíquicas, por el grado de plasticidad de las mismas,
por su capacidad de soportar las frustraciones, por las modalidades
internas de afrontar y resolver conflictos, etc. Es evidente que estas
condiciones que hemos mencionado son el producto
de la historia vincular, familiar y social del sujeto. Quiero decir que
personas que han sido sometidas a privaciones e injurias, tanto materiales
como afectivas van a mostrar serias fallas en la construcción de estos
recursos internos que hemos mencionado. Veamos
cómo funciona este sistema ante la emergencia de una situación
generadora de angustia: Como bien sabemos la angustia es indicadora que el
sujeto está atravesando un conflicto. Frente a esa señal lo adecuado es
que la persona movilice sus estructuras internas a los efectos de
localizar el conflicto generador de angustia. Detectarlo, ubicarlo y
elaborar estrategias para su resolución son partes de las funciones del
Yo. También puede darse que el conflicto sea insufrible (por ejemplo la pérdida
de alguien o algo querido o valorado), y entonces el sujeto deberá
abocarse a la tarea de elaborar esa pérdida, poniendo en juego los
recursos que le permitan soportar los montantes de angustia emergentes de
la situación. Pero el problema aparece cuando, por diversas vicisitudes
de su historia, ese sujeto no está en condiciones de afrontar y soportar
los niveles de angustia que lo invaden. Allí es cuando recurre a
mecanismos mágicos omnipotentes para escapar al dolor interno. Las
sustancias químicas son uno de ellos. Mientras dura el efecto de la
ingesta la persona ha podido escapar o aplacar su malestar psíquico. Pero
al poco tiempo éste vuelve a reaparecer y se reinicia un circuito
perverso que puede terminar sumiendo al consumidor en la dependencia. Las
conclusiones que surgen de la clínica no hacen sino confirmar estas hipótesis.
En un alto porcentaje de casos nos vamos a encontrar con adictos y
consumidores con personalidades "débiles" que se impotentizan
para resolver conflictos en el mundo real, y que tienden a "seudosoluciones"
utilizando mecanismos regresivos, infantiles, para buscar lograr
-vanamente- algo de paz interna. La droga funciona entonces como un
fetiche mágico que le permite escapar -aunque sea transitoriamente- del
conflicto. Es el valor con el cual el sujeto, y porqué no la cultura,
inviste a la pastilla o al fármaco. En un mundo donde todo se resuelve
con alguna droga salvadora, con alguna poción maravillosa, ¿qué de
extraño hay que aparezca una legión de adoradores de sustancias? CONTEXTOS
SOCIOCULTURALES Y FAMILIA Son
numerosos los trabajos de sociólogos, psicólogos y otros especialistas
en ciencias de la conducta que han destacado la interdependencia existente
entre los contextos sociales, la familia y la subjetividad. Algunos
estudiosos actuales han hecho hincapié en las modalidades por las cuales
crisis sociales y contextos de pobreza erosionan y desarticulan los
dispositivos básicos de contención emocional de los miembros que la
componen. Los efectos deletéreos que provocan la frustración crónica de
necesidades, la promiscuidad, el desamparo, la exclusión y la marginación
van socavando el tejido familiar, cuestionando roles parentales que habían
cumplido una función directriz en la conformación de la subjetividad. La
situación se agudiza en el caso de franjas poblacionales sometidas a
situaciones de marginación y extrema pobreza. En estos bolsones de
miseria se reproducen los circuitos de inequidad que tienden a excluir a
los miembros más jóvenes de oportunidades de acceso a procesos
educativos y laborales calificados. Aparecen en estas poblaciones aquello
que el Dr. León Pérez calificara como síndrome de amputación de
futuro. Las características esenciales de este estado es que la persona
se encuentra inhabilitada para elaborar proyectos que ordenen su
existencia, y su vida se reduce al tránsito del mero presente. Es el aquí
y ahora el que adquiere valor absoluto, y en la medida en que el futuro es
un imposible desaparece también el pasado. Al no poder proyectarse el
sujeto anula su memoria, cercena su historia. El mundo humano, social y
cultural ha perdido sentido y de lo que se trata es subsistir en la
fugacidad de lo momentáneo. Esta condición halla su expresión en los
discursos tan en boga en estos sectores donde se escucha: ¡ya fue!, ¡está
todo bien!,¡no hay más historia!, etc. En
estas condiciones las drogas aparecen como la resultante inevitable de
este proceso que cercena posibilidades de desarrollo a miles de jóvenes.
En un reciente trabajo Emilio Tenti Fanfani nos advierte sobre las
consecuencias nefastas de ese círculo vicioso que es la exclusión
laboral, que según el autor es la madre de todas las exclusiones
sociales. Así dirá: "estos chicos que no estudian ni trabajan están
en la calle, sometidos a una serie de riesgos. No tienen trabajo pero
tienen otras posibilidades de hacerse de ciertos recursos económicos: la
droga y la delincuencia" (Entrevista a E. Tenti Fanfani Página 12,
Buenos Aires, 8 de febrero de 1999). Pero
aclaremos que esta problemática no es exclusiva de estos sectores
sociales, sino que compromete y atraviesa a familias de distinto signo
social. Es que en esta era postmodernista se han operado una serie de
cambios en la dinámica y por ende en las funciones de los grupos
familiares. Señalemos algunos de estos fenómenos que han llamado la
atención de especialistas. Uno de ellos surge de "la trascendencia y
magnitud, actual y existente desde hace bastante tiempo, de los medios
masivos de comunicación, para muchos estudiosos hoy las instituciones
hegemónicas del mundo presente. En consecuencia resultó imperioso
estudiar el aporte de ellos al proceso de constitución del modelo de
Sujeto Psíquico que cada marco social requiere..." (Ver Enrique
Guinsberg, Familia y Tele en estructuración del sujeto y su realidad, México
1995). Será
también Wright Mills quién señalará: "Los medios masivos de
comunicación le dicen al hombre quién es (le prestan una identidad); le
dicen qué quiere ser (le dan aspiraciones); le dicen cómo lograrlo (le
dan una técnica); le dicen cómo puede sentir que es así, incluso cuando
no lo es (le dan un escape)" (Wright Mills, La élite del poder,
Fondo de Cultura Económica, México 1957). En
general estos estudios destacan el rol relevante que han pasado a tener
otras instancias sociales en la producción de la subjetividad,
relativizando la función que otrora cumplía la familia en los mismos.
Esto de ninguna manera implica desconocer la función esencial que le cabe
a la familia en la constitución de lo subjetivo, tan es así que hemos
visto que cuando esta institución está ausente o erosionada su capacidad
de soporte de los procesos de la subjetividad, es que se verifican serias
fallas que se expresan en personas con tendencias al consumo y a la
violencia. Pero
también queremos destacar que son los medios los que propagan o inducen
modelos que exaltan el triunfalismo, el individualismo, la justicia por
mano propia, el desprecio a
los derechos humanos, etc. Reflexionemos sobre algunas sagas promocionadas
como son las de Rambo, los Duros de Matar, Robocop, Terminator, y otras
series donde predomina la violencia, el consumo, las deslealtades, etc. Y
con ello nos sumergen de lleno en el mundo de las imágenes, que impregnan
y generan una realidad virtual donde todo está para ser consumido. Como
bien acota Castoriadis: "hoy cada uno dice: soy un individuo, ¿y
luego qué hace?. Lo que hace todo el mundo: zapping en su televisor o
shopping en las tiendas, comprando lo que la publicidad incita a
comprar". Golpeada
en sus funciones fundantes de la subjetividad por la crisis social, y
ahogada por el creciente poder de los medios, las estructuras familiares
han pasado a pertenecer al escenario de la crisis, y por tanto
cuestionadas en su rol de productores de personalidades equilibradas. J.
Burner citando a Kagan y Moss dicen: "Parece que el patrón que
conduce con más probabilidad a la participación en el logro intelectual
de las niños es la protección materna temprana,... siguiendo nuestro
mejor criterio para estimular los patrones que resaltan más convenientes
a seguir con niños pequeños, seguimos pensando que la inteligencia
superior se fomenta con calor, apoyo y abundantes ocasiones y recompensas
para el logro y la autonomía. Además, probablemente sea importante
brindar figuras paternas y maternas activas, cálidas y orientadas hacia
los logros, en función de los cuales puedan establecerse los patrones de
roles adecuados. (J. Burner, Pobreza e infancia, Paidos Educador, Buenos
Aires, 1987). Con
esto sentamos una tesis que es central para el tipo de prevención que
proponemos, y es la siguiente: en la cuestión del consumo de drogas el
problema no está en las sustancias, sino en los sujetos que requieren su
consumo para soportar una existencia displacentera. UNA
CONCEPCIÓN PSICOSOCIAL EN PREVENCIÓN COMUNITARIA Para
este tema vamos a reafirmar lo que hemos escrito en nuestro artículo
Prevención Comunitaria en adicciones. Allí planteamos que "el nivel
de consumo de sustancias psicoactivas en la sociedad, y particularmente en
nuestra comunidad nos exigió la elaboración de propuestas operativas
para dar una respuesta adecuada a esta problemática. Tomamos de Bleger
sus planteos desarrollados en Psicohigiene y Psicología Institucional
donde postula que "se debe promover bienestar y no solamente
curar", apuntando a la necesidad de dirigirse a generar mejores
condiciones de vida "en lugar de crear instituciones donde se atiende
exclusivamente la enfermedad". El
trabajo con la gente en el barrio nos fue llevando al planteo de que
prevenir en adicciones es trabajar en la promoción de salud, y que este
objetivo es imposible alcanzar si no se cuenta con el protagonismo de la
comunidad. De allí es que como dice Mirta Videla que "prevención en
salud comunitaria es contribuir con nuestras estrategias, técnicas y
nuestro marco teórico de referencia, a que la gente pueda preparar,
aparejar y disponer sus recursos para enfrentar un problema, una crisis o
un sufrimiento, que ha sido previamente definido, circunscripto o
diagnosticado por ellos mismos". (Mirta Videla, Prevención,
Ediciones Cinco, Buenos Aires, 1991 ). Desde
este criterio prevenir en adicciones es generar espacios de participación
en la comunidad, para que a través del encuentro, de la confrontación,
del interrogarse, del dialogar y del hacer con el otro, los miembros de la
comunidad vayan tomando creciente conciencia de sus necesidades, y
organizando las estrategias, los métodos y recursos para resolverlas. En
este proceso el análisis crítico de la vida cotidiana lleva a que los
sujetos vayan develando las situaciones adictivas o de consumo, que han
sido naturalizadas por los sistemas de representación social. En
este y otros artículos nos hemos referido al rol de los medios de
comunicación social en la promoción y el propiciamiento del consumo de
sustancias psicoactivas, en particular alcohol, cigarrillos y psicofármacos.
Entonces ¿cómo no va a ser nociva para la salud individual y comunitaria
la ingesta de "el sabor del encuentro" o el de "la bebida
de los pueblos fuertes" tal como se promocionó en una época a
conocidas marcas de vino o cerveza". Por
tanto, aparece como una tarea preventiva, este ir develando el carácter
adictivo de muchos de nuestros comportamientos cotidianos. No solamente
por el daño actual que implican las mismas, por su condición encubridora
de conflictos, sino también porque son la condición de posibilidad de
emergencia de sustancias calificadas de ilegales, como son en nuestro
medio la marihuana y la cocaína, entre otras. Además prevenir supone
informar, educar, promover en la red comunitaria la producción de
conocimientos sociales sobre esta problemática. Quiero
decir de que en este proceso los miembros de la comunidad van
resignificando las implicancias que tiene el ingerir sustancias
psicoactivas (sean éstas legales o no). Desde allí es que es posible
desmitificar supuestos que operan encubriendo el riesgo del consumo. Se
trata entonces de enfrentar al sector social con el cual se trabaja con la
real dimensión del fenómeno adictivo, y con su policausalidad etiológica,
donde se conjugan tanto factores individuales, como familiares,
comunitarios, sociales y culturales, políticos y económicos. (Ver
Horacio Tabares, Prevención Comunitaria en Adicciones, Mimeo, Vínculo,
1997). ALGUNOS
INTERROGANTES EN RELACIÓN A LA PREVENCIÓN COMUNITARIA Podríamos
decir que uno de los interrogantes que acecha recurrentemente al operador
social es el relacionado con la eficacia de las estrategias preventivas
que se ponen en juego. Tal
vez el primer escollo que deba superarse es de orden epistémico. Podría
formularse de la siguiente manera: el resultado de una operación
preventiva va a depender en primer lugar del nivel de conocimiento que se
tenga de las causas que generan el fenómeno. Se puede suponer de que si
es posible incidir anticipadamente sobre los factores productores de un
hecho (cualquiera sea la naturaleza de este) podríamos evitar la aparición
del mismo, o en su defecto mitigar o atenuar sus consecuencias. Como las
situaciones psicosociales son estructuras de alta complejidad y su
conformación remite a un entramado policausal, en el problema de las
adicciones nos encontramos con un modelo interpretativo que aún no ha
pasado del estadio hipotético. Quiero
decir que cuando los trabajadores sociales y de la salud nos encontramos
recién elucidando las razones por las cuales un sujeto decide ingerir
sustancias psicoactivas aún a riesgo de su salud (física y mental) nos
vemos obligado por imperio de las circunstancias a diseñar estrategias
preventivas que tengan efectos sobre esas hipotéticas razones. Hemos
afirmado que los comportamientos adictivos son emergentes del tejido
vincular, familiar y social. Esto supone (y lo hemos desarrollado) que en
el acto individual del consumo se cristaliza una multiplicidad de
determinantes sociales, culturales, económicos, políticos, familiares e
individuales. ¿Pero
cuál o cuáles de estos factores son los principales responsables en la
precipitación de los comportamientos mencionados? Queda claro entonces
las exigencias sobre la necesidad de profundizar las investigaciones sobre
los factores causales de las adicciones a los efectos de direccionar las
estrategias preventivas. La consecuencia inmediata de este planteo es el
de justificar la mutua interdependencia de los enfoques clínicos y los
preventivos. En
relación al tema me parece pertinente traer alguno de los aportes que
realiza Jorge Pellegrini en sus trabajos sobre el alcoholismo. Retomando
los estudios de Winnicott sobre los "objetos transicionales"
Pellegrini amplía el concepto hasta postular la existencia de un espacio
transicional. Recordemos que el objeto transicional está concebido como
un mediador entre el self y el mundo externo, que sirve de apoyatura al
bebé y que crecientemente van asumiendo la simbolización de las figuras
parentales principales (madre, padre). Con el desarrollo otros objetos
ocupan su lugar y cumplen esa función, "las historietas, una gran
variedad de juguetes, duros y blandos, y toda una vida cultural que
enriquece la experiencia que el niño tiene de la vida" (Winnicott,
D.W., La familia y el desarrollo del individuo, Paidos, Buenos Aires,
1973). Así
cuando Pellegrini habla del espacio transicional lo hace como un espacio
vincular y progresivamente poblado por construcciones culturales. "Y
así como el objeto vincular remite a las figuras parentales, ese espacio
transicional va dando cuenta de personajes, historias, lenguajes, códigos,
escenarios, que son propios del ámbito cultural". "Es en ese
espacio que se ven desplegando las convicciones, creencias, concepciones
del mundo propias de cada clase social, de cada etnia, de cada
regionalidad cultural. Comprendido como escenario de creciente
complejidad, objetos transicionales que hablan de figuras parentales y
estructuras familiares, se invisten de contenidos propios de la visión
del mundo que esos sujetos tienen en tanto productos y productores de una
historia que les atañe como partes de una familia, una clase social, una
nación, un mundo, una época." (Pellegrini, J. Y otros, Alcoholismo,
identidad y grupo, Ediciones Cinco, Buenos Aires, 1992). Desde
este enfoque que amplía las múltiples condiciones de emergencia de
emergencia de la subjetividad y su interdependencia con los contextos
culturales y sociales, el autor indaga como el alcohol (y sus formas
representacíonales) se conjuga tempranamente con el espacio transicional,
enancado en la función cultural y social que tiene el beber, y asociado a
figuras parentales y rituales familiares y comunitarios. Es
importante destacar aquí la función estructurante de la identidad que
cumplen ritos y ceremonias, que van configurando puntos de
"anclaje" muy profundos de la personalidad, y que hacen que
algunos comportamientos sean tan difícil de desarraigar. En este caso el
beber, tan ligado afectiva y representacionalmente al comer, a las
funciones nutricias. De allí que el consumo (de alcohol y por
desplazamiento a otras sustancias) esté ligado a experiencias primitivas,
y se manifiesten en la clínica a través de fantasías muy arcaicas. Retomando la reflexión sobre la cuestión de la prevención podemos decir -como hemos desarrollado en otros trabajos- que siendo esta una operación de producción cultural que dota de sentido y significaciones a estructuras sociales de conductas "naturalizados" por los sistemas hegemónicos de representación, su eficacia dependerá de su poder de develación de las ligaduras inconscientes que tienen los actos de consumo con los niveles más profundos del self.
PREVENCIÓN
E INSTITUCIONES EDUCATIVAS Las
instituciones educativas son un espacio pertinente para el desarrollo de
estrategias preventivas. Las razones son múltiples, y a título de mención
enunciaremos algunas. La
escuela puede pensarse como un laboratorio social donde se procesa un
amplio espectro de aprendizajes, tanto sociales como afectivos, éticos,
corporales, culturales, científicos y tecnológicos. Dado que la
comunidad le ha delegado una función esencial en el ejercicio de los
procesos educativos, ocupa un lugar relevante en la formación integral
del sujeto. Debe tender a la conformación de un sujeto responsable,
protagonista de su propia existencia, y en una relación mutuamente
transformante con su medio social y natural. Para este enfoque, educar en
libertad y para la libertad, pasa a ser un valor primordial a promocionar.
De allí que el consumo y la dependencia de sustancias es un
comportamiento antagónico a esta filosófica educativa. Como hemos
planteado en otros trabajos "la ingesta de sustancias psicoactivas
deteriora al sujeto consumidor, lesiona a su grupo familiar e injuria a la
trama comunitaria ... para nosotros, éticamente, la dependencia
-cualquiera sea la causa que la genera- es una afrenta a la dignidad
humana." Educar
es también educar para la salud y la promoción de la misma. Entendida ésta
como una construcción social que no designa únicamente a una condición
de ausencia sintomática. Ese concepto está social e históricamente
determinado, y cada cultura ha producido los patrones que referencian lo
que esa comunidad entiende por salud y enfermedad. Por
tanto esta es una problemática que tiene particular vigencia en las
instituciones educativas, habida cuenta de las necesidades de su
transformación para ponerla a tono con los enfoques pedagógicos
actuales, y con las exigencias que le demanda esta sociedad de fin de
siglo. La
otra cuestión importante es que la escuela opera -en lo fundamental- con
una franja etárea que por sus características las ubica como una edad
propicia para iniciar los procesos preventivos. Estudios
epidemiológicos han señalado a la adolescencia como una edad de riesgo,
y de allí que es aconsejable direccionar las acciones preventivas a los
efectos de dar las respuestas pertinentes a las problemáticas que se
plantean en ese período de la vida. Innumerables estudios han señalado a
la adolescencia como una etapa de crisis (Pérez 1965, Abarastury 1968)
donde una de las cuestiones centrales que la atraviesan es el de la
identidad. De
allí que en el planteo de estrategias preventivas en la escuela debe
tenerse presente esta cuestión, y acompañar este tránsito, a los
efectos de afianzar los procesos por los cuales púberes y adolescentes
puedan llegar a una equilibrada construcción del sí mismo, y generar los
recursos internos adecuados para afrontar los desafíos que les plantea la
vida adulta. Porque
entendemos que los procesos preventivos forman parte de la promoción y
educación para la salud es que postulamos su incorporación a la currícula
escolar. Y estamos abocados a la elaboración de una didáctica de la
prevención, tema del cual nos ocuparemos en un próximo trabajo. BIBLIOGRAFÍA
Observaciones:
Toda aclaración referida al Documento Lo que me ofrece PortalBIOCEÁNICO y como conseguirlo
Documentos
sobre Toxicomanía y Adicciones (Directorio de Títulos) |
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