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 " PREVENCIÓN SOBRE EL USO INDEBIDO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS: Un problema actual en la institución escolar  -1999 - . "

en Las Cuestiones Críticas
TOXICOMANÍA
de la Región Centro de la Argentina

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T09
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   PREVENCIÓN SOBRE EL USO INDEBIDO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS:
 Un problema actual en la institución escolar  -1999 -

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Publicación en PortalBioceanico: 18 de septiembre de 2001  
Del Documento:
1999

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Nombre Autores

Horacio S. Tabares - Psicólogo clínico y psicólogo social - Profesor de Psicología


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PREVENCIÓN SOBRE EL USO INDEBIDO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS:
 Un problema actual en la institución escolar  -1999 -

por Psic. Horacio S. Tabares

INTRODUCCIÓN

Adicciones e uso indebido de sustancias psicoactivas han pasado a ser comportamientos relevantes que van a signar, como estigma, a la sociedad de fin del milenio. Y hablamos no solo del consumo de drogas "ilegales" (marihuana, cocaína y otras), sino también de aquellas que tienen libre circulación, y cuya ingesta está socialmente propiciada como por ejemplo alcohol y psicofármacos. La naturalización de su uso determina que sean las sustancias con mayor circulación entre la población.

El caso del alcohol es paradigmático. Según estimaciones de técnicos de SEDRONAR, en el año 1989 había en el país alrededor de 2.000.000 de personas comprometidas en su abuso. En nuestra propia experiencia de 10 años dirigiendo un Centro Comunitario de Salud Mental hemos confirmado que es esta sustancia la más consumida, con el agravante que en la medida que se extiende y aumenta su uso, disminuye la edad de iniciación en esta práctica.

El tema de los psicofármacos merece un capítulo especial. Se ha generalizado su uso en diversas franjas poblacionales. Su ingesta al margen de prescripción y riguroso control médico provoca peligrosas consecuencias en la salud comunitaria. Leemos "los argentinos consumen más ansiolíticos que aspirinas" según estimaciones de la O.M.S. en la Argentina hubo en los últimos 2 años un aumento que duplicó el consumo de benzodiacepinas ... Las cifras que con mayor confiabilidad hoy podemos manejar indican que a lo largo de un año, 1992, en el país se vendieron 17.600.000 tranquilizantes de la familia de las benzodiacepinas en envases de 30 unidades, en tanto se vendieron 15.646.400 envases por 10 unidades en el mismo período. Fuente La Capital Rosario, 26/11/95, Pág. 4 – 3ra sección.

Con estos datos podemos inferir que aproximadamente un 10 % de la población hace uso indebido de sustancias psicoactivas (legales e ilegales).

Podemos, entonces, afirmar que esta cuestión ha pasado a ser uno de los problemas fundamentales en salud mental, que exige respuestas de la sociedad en su conjunto en la próxima década. Tan es así que especialistas como Kalina no vacilan en calificar la situación como una verdadera pandemia (Kalina 1987).

Es que el abuso de sustancias daña no solo al organismo y los sistemas de producción del pensamiento del consumidor, sino que lesiona la trama familiar y al tejido comunitario. La crónica periodística abunda diariamente en hechos donde la violencia irracional se articula con el consumo de sustancias, potenciándose mutuamente y conformando una dupla que encontramos presente en contextos urbanos conflictivos.

El problema adquiere caracteres dramáticos cuando constatamos cómo una geografía de carencias erosiona los dispositivos familiares de sostén y contención, abonando un sendero de frustraciones, que gestan las condiciones para la emergencia de personalidades con serias "fallas" en su constitución. Sujetos con estructuras internas frágiles que los predisponen a encontrar en las sustancias químicas alternativas -fallidas- a sus conflictos.

Bien sabemos que la escuela no es una isla, sino que por el contrario es parte y expresión de la sociedad de donde emerge. Por tanto esta problemática de consumo y violencia también afecta, y es motivo de preocupaciones frecuentes tanto de docentes como de directivos, y también de otros sectores de la comunidad que a veces se sienten impotentes para generar las respuestas adecuadas a este fenómeno.

Estas líneas tienen como objetivo abrir un debate sobre el tema, y aportar algunas ideas que puedan servir a aquellos preocupados por resolver estas situaciones conflictivas.

 

LA ECUACIÓN ADICTIVA (La drogadicción como fenómeno social)

El consumo de sustancias como una operación modificadora de la conducta humana es un hecho conocido desde la antigüedad. Pero el grado de profundidad y amplitud que ha alcanzado en la actualidad es algo inédito, y que requiere de quienes trabajamos en el tema un esfuerzo para su interpretación.

Es en esta dirección que hemos propuesto la categoría "ecuación adictiva" como un intento de dar cuenta de la compleja situación actual que ha determinado esta difusión masiva de comportamientos de consumo.

El hecho constatado es que para que aparezca una conducta consumista deben poder relacionarse socialmente sujetos necesitados de, con una estructura proveedora de drogas (ya sean éstas legales o ilegales). Como vemos en esta ecuación tenemos dos términos definidos -personas con disponibilidad para la ingesta, e instancias que suministren- siendo ambos emergentes de una sociedad y una cultura en crisis.

Hemos denominado a la instancia proveedora como "efector adictivo". Bajo este término designamos a todo sistema que produzca, comercialice y distribuya sustancias, naturales o sintéticas, legales o ilegales, que por su incorporación al organismo humano modifican su comportamiento, inciden en su tono emocional y alteran su pensamiento.

Los efectores adictivos son verdaderos complejos industriales que se dedican a la fabricación (y posterior colocación) de algunas de las mercancías más rentables de esta sociedad globalizada. Para tener una idea de la magnitud de esta producción cito algunos casos: "en 1996 se produjo 5.000 toneladas de goma de opio, de las que una tercera parte se consumió como opio y las otras dos terceras partes se transformaron en 300 toneladas de heroína. Perú, Colombia y Bolivia producen el 98 % de la coca mundial; en 1996 se produjeron 1.000 toneladas de cocaína provenientes de 300.000 toneladas de coca". Ver Posición ética y moral de la Santa Sede con relación a la droga. Universidad Católica de Santa Fe. 1998.

Estas y otras drogas implican la acumulación de miles de millones de dólares que son el producto de este macabro negocio, y quienes manejan estos hilos se han transformado en estados dentro de los estados gestando complejos problemas a la economía mundial. Ahora bien, si como plantea el citado artículo, en 1996 se produjeron 1 .000 toneladas de cocaína para que arroje ganancias a su productor hay que ponerlas en el mercado. Para ello debe llegarse a millones de personas que la consuman. Por tanto estas sustancias producidas a escalas planetarias necesitan de sofisticados dispositivos de promoción, de inducción al consumo, como también de distribución y comercialización. Con este ejemplo quiero mostrar detrás de toda situación adictiva se mueve un poderoso aparato que promueve estas acciones. Quiero decir que nada más alejado de la realidad que esa concepción del adicto como una figura que usa a la droga movido únicamente por motivaciones intrapsíquicas. Estudios psicosociales nos han demostrado la posibilidad de generar o de inducir la emergencia de necesidades culturales en amplias franjas de la población.

Claro que esa oferta debe asentarse en condiciones determinadas de importantes grupos humanos para los cuales la droga cumple funciones impostergables. Se abre aquí la reflexión sobre el otro polo de la ecuación adictiva, o sea al sujeto. La cuestión es interpelar a los contextos culturales y sociales para indagar allí las condiciones de producción de subjetividades con "fallas" que los determinen proclives para el consumo. Pero para sentar hipótesis que den respuestas a este interrogante será necesario primero repensar la función que cumplen las drogas en la dinámica psíquica.

 

DROGAS Y SUBJETIVIDAD

Una de las funciones más importantes que tienen las sustancias psicoactivas en el hombre es la modificación de sus estados emocionales. Y esta condición, determina que en ciertas situaciones estas sensaciones sean experimentadas, por parte del consumidor, como placenteras. De allí deviene una de las razones una de las razones por las cuales -uso prolongado mediante- pueden transformarse en adictivas.

¿Porqué el sujeto necesitaría ingerir sustancias que modifiquen su tono anímico?. En términos muy generales responderemos señalando que cuando una persona se siente invadida por un dolor psíquico que no está en condiciones de soportar es que recurre a estas apoyaturas químicas. Ahora bien, ese soporte puede ser transitorio o por el contrario el sujeto puede quedar prisionero en él. ¿De qué factores depende que se comporte de una u otra manera?. Podemos afirmar a título provisorio que estos comportamientos están determinados por la calidad de recursos internos que dispone la persona en cuestión. Es decir por la solidez y equilibrio de sus estructuras psíquicas, por el grado de plasticidad de las mismas, por su capacidad de soportar las frustraciones, por las modalidades internas de afrontar y resolver conflictos, etc. Es evidente que estas condiciones que hemos mencionado son el

producto de la historia vincular, familiar y social del sujeto. Quiero decir que personas que han sido sometidas a privaciones e injurias, tanto materiales como afectivas van a mostrar serias fallas en la construcción de estos recursos internos que hemos mencionado.

Veamos cómo funciona este sistema ante la emergencia de una situación generadora de angustia: Como bien sabemos la angustia es indicadora que el sujeto está atravesando un conflicto. Frente a esa señal lo adecuado es que la persona movilice sus estructuras internas a los efectos de localizar el conflicto generador de angustia. Detectarlo, ubicarlo y elaborar estrategias para su resolución son partes de las funciones del Yo. También puede darse que el conflicto sea insufrible (por ejemplo la pérdida de alguien o algo querido o valorado), y entonces el sujeto deberá abocarse a la tarea de elaborar esa pérdida, poniendo en juego los recursos que le permitan soportar los montantes de angustia emergentes de la situación. Pero el problema aparece cuando, por diversas vicisitudes de su historia, ese sujeto no está en condiciones de afrontar y soportar los niveles de angustia que lo invaden. Allí es cuando recurre a mecanismos mágicos omnipotentes para escapar al dolor interno. Las sustancias químicas son uno de ellos. Mientras dura el efecto de la ingesta la persona ha podido escapar o aplacar su malestar psíquico. Pero al poco tiempo éste vuelve a reaparecer y se reinicia un circuito perverso que puede terminar sumiendo al consumidor en la dependencia. Las conclusiones que surgen de la clínica no hacen sino confirmar estas hipótesis. En un alto porcentaje de casos nos vamos a encontrar con adictos y consumidores con personalidades "débiles" que se impotentizan para resolver conflictos en el mundo real, y que tienden a "seudosoluciones" utilizando mecanismos regresivos, infantiles, para buscar lograr -vanamente- algo de paz interna. La droga funciona entonces como un fetiche mágico que le permite escapar -aunque sea transitoriamente- del conflicto. Es el valor con el cual el sujeto, y porqué no la cultura, inviste a la pastilla o al fármaco. En un mundo donde todo se resuelve con alguna droga salvadora, con alguna poción maravillosa, ¿qué de extraño hay que aparezca una legión de adoradores de sustancias?

 

CONTEXTOS SOCIOCULTURALES Y FAMILIA

Son numerosos los trabajos de sociólogos, psicólogos y otros especialistas en ciencias de la conducta que han destacado la interdependencia existente entre los contextos sociales, la familia y la subjetividad. Algunos estudiosos actuales han hecho hincapié en las modalidades por las cuales crisis sociales y contextos de pobreza erosionan y desarticulan los dispositivos básicos de contención emocional de los miembros que la componen. Los efectos deletéreos que provocan la frustración crónica de necesidades, la promiscuidad, el desamparo, la exclusión y la marginación van socavando el tejido familiar, cuestionando roles parentales que habían cumplido una función directriz en la conformación de la subjetividad. La situación se agudiza en el caso de franjas poblacionales sometidas a situaciones de marginación y extrema pobreza. En estos bolsones de miseria se reproducen los circuitos de inequidad que tienden a excluir a los miembros más jóvenes de oportunidades de acceso a procesos educativos y laborales calificados. Aparecen en estas poblaciones aquello que el Dr. León Pérez calificara como síndrome de amputación de futuro. Las características esenciales de este estado es que la persona se encuentra inhabilitada para elaborar proyectos que ordenen su existencia, y su vida se reduce al tránsito del mero presente. Es el aquí y ahora el que adquiere valor absoluto, y en la medida en que el futuro es un imposible desaparece también el pasado. Al no poder proyectarse el sujeto anula su memoria, cercena su historia. El mundo humano, social y cultural ha perdido sentido y de lo que se trata es subsistir en la fugacidad de lo momentáneo. Esta condición halla su expresión en los discursos tan en boga en estos sectores donde se escucha: ¡ya fue!, ¡está todo bien!,¡no hay más historia!, etc.

En estas condiciones las drogas aparecen como la resultante inevitable de este proceso que cercena posibilidades de desarrollo a miles de jóvenes. En un reciente trabajo Emilio Tenti Fanfani nos advierte sobre las consecuencias nefastas de ese círculo vicioso que es la exclusión laboral, que según el autor es la madre de todas las exclusiones sociales. Así dirá: "estos chicos que no estudian ni trabajan están en la calle, sometidos a una serie de riesgos. No tienen trabajo pero tienen otras posibilidades de hacerse de ciertos recursos económicos: la droga y la delincuencia" (Entrevista a E. Tenti Fanfani Página 12, Buenos Aires, 8 de febrero de 1999).

Pero aclaremos que esta problemática no es exclusiva de estos sectores sociales, sino que compromete y atraviesa a familias de distinto signo social. Es que en esta era postmodernista se han operado una serie de cambios en la dinámica y por ende en las funciones de los grupos familiares. Señalemos algunos de estos fenómenos que han llamado la atención de especialistas. Uno de ellos surge de "la trascendencia y magnitud, actual y existente desde hace bastante tiempo, de los medios masivos de comunicación, para muchos estudiosos hoy las instituciones hegemónicas del mundo presente. En consecuencia resultó imperioso estudiar el aporte de ellos al proceso de constitución del modelo de Sujeto Psíquico que cada marco social requiere..." (Ver Enrique Guinsberg, Familia y Tele en estructuración del sujeto y su realidad, México 1995).

Será también Wright Mills quién señalará: "Los medios masivos de comunicación le dicen al hombre quién es (le prestan una identidad); le dicen qué quiere ser (le dan aspiraciones); le dicen cómo lograrlo (le dan una técnica); le dicen cómo puede sentir que es así, incluso cuando no lo es (le dan un escape)" (Wright Mills, La élite del poder, Fondo de Cultura Económica, México 1957).

En general estos estudios destacan el rol relevante que han pasado a tener otras instancias sociales en la producción de la subjetividad, relativizando la función que otrora cumplía la familia en los mismos. Esto de ninguna manera implica desconocer la función esencial que le cabe a la familia en la constitución de lo subjetivo, tan es así que hemos visto que cuando esta institución está ausente o erosionada su capacidad de soporte de los procesos de la subjetividad, es que se verifican serias fallas que se expresan en personas con tendencias al consumo y a la violencia.

Pero también queremos destacar que son los medios los que propagan o inducen modelos que exaltan el triunfalismo, el individualismo, la justicia por mano propia, el  desprecio a los derechos humanos, etc. Reflexionemos sobre algunas sagas promocionadas como son las de Rambo, los Duros de Matar, Robocop, Terminator, y otras series donde predomina la violencia, el consumo, las deslealtades, etc. Y con ello nos sumergen de lleno en el mundo de las imágenes, que impregnan y generan una realidad virtual donde todo está para ser consumido. Como bien acota Castoriadis: "hoy cada uno dice: soy un individuo, ¿y luego qué hace?. Lo que hace todo el mundo: zapping en su televisor o shopping en las tiendas, comprando lo que la publicidad incita a comprar".

Golpeada en sus funciones fundantes de la subjetividad por la crisis social, y ahogada por el creciente poder de los medios, las estructuras familiares han pasado a pertenecer al escenario de la crisis, y por tanto cuestionadas en su rol de productores de personalidades equilibradas. J. Burner citando a Kagan y Moss dicen: "Parece que el patrón que conduce con más probabilidad a la participación en el logro intelectual de las niños es la protección materna temprana,... siguiendo nuestro mejor criterio para estimular los patrones que resaltan más convenientes a seguir con niños pequeños, seguimos pensando que la inteligencia superior se fomenta con calor, apoyo y abundantes ocasiones y recompensas para el logro y la autonomía. Además, probablemente sea importante brindar figuras paternas y maternas activas, cálidas y orientadas hacia los logros, en función de los cuales puedan establecerse los patrones de roles adecuados. (J. Burner, Pobreza e infancia, Paidos Educador, Buenos Aires, 1987).

Con esto sentamos una tesis que es central para el tipo de prevención que proponemos, y es la siguiente: en la cuestión del consumo de drogas el problema no está en las sustancias, sino en los sujetos que requieren su consumo para soportar una existencia displacentera.

 

UNA CONCEPCIÓN PSICOSOCIAL EN PREVENCIÓN COMUNITARIA

Para este tema vamos a reafirmar lo que hemos escrito en nuestro artículo Prevención Comunitaria en adicciones. Allí planteamos que "el nivel de consumo de sustancias psicoactivas en la sociedad, y particularmente en nuestra comunidad nos exigió la elaboración de propuestas operativas para dar una respuesta adecuada a esta problemática. Tomamos de Bleger sus planteos desarrollados en Psicohigiene y Psicología Institucional donde postula que "se debe promover bienestar y no solamente curar", apuntando a la necesidad de dirigirse a generar mejores condiciones de vida "en lugar de crear instituciones donde se atiende exclusivamente la enfermedad".

El trabajo con la gente en el barrio nos fue llevando al planteo de que prevenir en adicciones es trabajar en la promoción de salud, y que este objetivo es imposible alcanzar si no se cuenta con el protagonismo de la comunidad. De allí es que como dice Mirta Videla que "prevención en salud comunitaria es contribuir con nuestras estrategias, técnicas y nuestro marco teórico de referencia, a que la gente pueda preparar, aparejar y disponer sus recursos para enfrentar un problema, una crisis o un sufrimiento, que ha sido previamente definido, circunscripto o diagnosticado por ellos mismos". (Mirta Videla, Prevención, Ediciones Cinco, Buenos Aires, 1991 ).

Desde este criterio prevenir en adicciones es generar espacios de participación en la comunidad, para que a través del encuentro, de la confrontación, del interrogarse, del dialogar y del hacer con el otro, los miembros de la comunidad vayan tomando creciente conciencia de sus necesidades, y organizando las estrategias, los métodos y recursos para resolverlas. En este proceso el análisis crítico de la vida cotidiana lleva a que los sujetos vayan develando las situaciones adictivas o de consumo, que han sido naturalizadas por los sistemas de representación social.

En este y otros artículos nos hemos referido al rol de los medios de comunicación social en la promoción y el propiciamiento del consumo de sustancias psicoactivas, en particular alcohol, cigarrillos y psicofármacos. Entonces ¿cómo no va a ser nociva para la salud individual y comunitaria la ingesta de "el sabor del encuentro" o el de "la bebida de los pueblos fuertes" tal como se promocionó en una época a conocidas marcas de vino o cerveza".

Por tanto, aparece como una tarea preventiva, este ir develando el carácter adictivo de muchos de nuestros comportamientos cotidianos. No solamente por el daño actual que implican las mismas, por su condición encubridora de conflictos, sino también porque son la condición de posibilidad de emergencia de sustancias calificadas de ilegales, como son en nuestro medio la marihuana y la cocaína, entre otras. Además prevenir supone informar, educar, promover en la red comunitaria la producción de conocimientos sociales sobre esta problemática.

Quiero decir de que en este proceso los miembros de la comunidad van resignificando las implicancias que tiene el ingerir sustancias psicoactivas (sean éstas legales o no). Desde allí es que es posible desmitificar supuestos que operan encubriendo el riesgo del consumo. Se trata entonces de enfrentar al sector social con el cual se trabaja con la real dimensión del fenómeno adictivo, y con su policausalidad etiológica, donde se conjugan tanto factores individuales, como familiares, comunitarios, sociales y culturales, políticos y económicos. (Ver Horacio Tabares, Prevención Comunitaria en Adicciones, Mimeo, Vínculo, 1997).

 

ALGUNOS INTERROGANTES EN RELACIÓN A LA PREVENCIÓN COMUNITARIA

Podríamos decir que uno de los interrogantes que acecha recurrentemente al operador social es el relacionado con la eficacia de las estrategias preventivas que se ponen en juego.

Tal vez el primer escollo que deba superarse es de orden epistémico. Podría formularse de la siguiente manera: el resultado de una operación preventiva va a depender en primer lugar del nivel de conocimiento que se tenga de las causas que generan el fenómeno. Se puede suponer de que si es posible incidir anticipadamente sobre los factores productores de un hecho (cualquiera sea la naturaleza de este) podríamos evitar la aparición del mismo, o en su defecto mitigar o atenuar sus consecuencias. Como las situaciones psicosociales son estructuras de alta complejidad y su conformación remite a un entramado policausal, en el problema de las adicciones nos encontramos con un modelo interpretativo que aún no ha pasado del estadio hipotético.

Quiero decir que cuando los trabajadores sociales y de la salud nos encontramos recién elucidando las razones por las cuales un sujeto decide ingerir sustancias psicoactivas aún a riesgo de su salud (física y mental) nos vemos obligado por imperio de las circunstancias a diseñar estrategias preventivas que tengan efectos sobre esas hipotéticas razones.

Hemos afirmado que los comportamientos adictivos son emergentes del tejido vincular, familiar y social. Esto supone (y lo hemos desarrollado) que en el acto individual del consumo se cristaliza una multiplicidad de determinantes sociales, culturales, económicos, políticos, familiares e individuales.

¿Pero cuál o cuáles de estos factores son los principales responsables en la precipitación de los comportamientos mencionados? Queda claro entonces las exigencias sobre la necesidad de profundizar las investigaciones sobre los factores causales de las adicciones a los efectos de direccionar las estrategias preventivas. La consecuencia inmediata de este planteo es el de justificar la mutua interdependencia de los enfoques clínicos y los preventivos.

En relación al tema me parece pertinente traer alguno de los aportes que realiza Jorge Pellegrini en sus trabajos sobre el alcoholismo. Retomando los estudios de Winnicott sobre los "objetos transicionales" Pellegrini amplía el concepto hasta postular la existencia de un espacio transicional. Recordemos que el objeto transicional está concebido como un mediador entre el self y el mundo externo, que sirve de apoyatura al bebé y que crecientemente van asumiendo la simbolización de las figuras parentales principales (madre, padre). Con el desarrollo otros objetos ocupan su lugar y cumplen esa función, "las historietas, una gran variedad de juguetes, duros y blandos, y toda una vida cultural que enriquece la experiencia que el niño tiene de la vida" (Winnicott, D.W., La familia y el desarrollo del individuo, Paidos, Buenos Aires, 1973).

Así cuando Pellegrini habla del espacio transicional lo hace como un espacio vincular y progresivamente poblado por construcciones culturales. "Y así como el objeto vincular remite a las figuras parentales, ese espacio transicional va dando cuenta de personajes, historias, lenguajes, códigos, escenarios, que son propios del ámbito cultural". "Es en ese espacio que se ven desplegando las convicciones, creencias, concepciones del mundo propias de cada clase social, de cada etnia, de cada regionalidad cultural. Comprendido como escenario de creciente complejidad, objetos transicionales que hablan de figuras parentales y estructuras familiares, se invisten de contenidos propios de la visión del mundo que esos sujetos tienen en tanto productos y productores de una historia que les atañe como partes de una familia, una clase social, una nación, un mundo, una época." (Pellegrini, J. Y otros, Alcoholismo, identidad y grupo, Ediciones Cinco, Buenos Aires, 1992).

Desde este enfoque que amplía las múltiples condiciones de emergencia de emergencia de la subjetividad y su interdependencia con los contextos culturales y sociales, el autor indaga como el alcohol (y sus formas representacíonales) se conjuga tempranamente con el espacio transicional, enancado en la función cultural y social que tiene el beber, y asociado a figuras parentales y rituales familiares y comunitarios.

Es importante destacar aquí la función estructurante de la identidad que cumplen ritos y ceremonias, que van configurando puntos de "anclaje" muy profundos de la personalidad, y que hacen que algunos comportamientos sean tan difícil de desarraigar. En este caso el beber, tan ligado afectiva y representacionalmente al comer, a las funciones nutricias. De allí que el consumo (de alcohol y por desplazamiento a otras sustancias) esté ligado a experiencias primitivas, y se manifiesten en la clínica a través de fantasías muy arcaicas.

Retomando la reflexión sobre la cuestión de la prevención podemos decir -como hemos desarrollado en otros trabajos- que siendo esta una operación de producción cultural que dota de sentido y significaciones a estructuras sociales de conductas "naturalizados" por los sistemas hegemónicos de representación, su eficacia dependerá de su poder de develación de las ligaduras inconscientes que tienen los actos de consumo con los niveles más profundos del self.

 

PREVENCIÓN E INSTITUCIONES EDUCATIVAS

Las instituciones educativas son un espacio pertinente para el desarrollo de estrategias preventivas. Las razones son múltiples, y a título de mención enunciaremos algunas.

La escuela puede pensarse como un laboratorio social donde se procesa un amplio espectro de aprendizajes, tanto sociales como afectivos, éticos, corporales, culturales, científicos y tecnológicos. Dado que la comunidad le ha delegado una función esencial en el ejercicio de los procesos educativos, ocupa un lugar relevante en la formación integral del sujeto. Debe tender a la conformación de un sujeto responsable, protagonista de su propia existencia, y en una relación mutuamente transformante con su medio social y natural. Para este enfoque, educar en libertad y para la libertad, pasa a ser un valor primordial a promocionar. De allí que el consumo y la dependencia de sustancias es un comportamiento antagónico a esta filosófica educativa. Como hemos planteado en otros trabajos "la ingesta de sustancias psicoactivas deteriora al sujeto consumidor, lesiona a su grupo familiar e injuria a la trama comunitaria ... para nosotros, éticamente, la dependencia -cualquiera sea la causa que la genera- es una afrenta a la dignidad humana."

Educar es también educar para la salud y la promoción de la misma. Entendida ésta como una construcción social que no designa únicamente a una condición de ausencia sintomática. Ese concepto está social e históricamente determinado, y cada cultura ha producido los patrones que referencian lo que esa comunidad entiende por salud y enfermedad.

Por tanto esta es una problemática que tiene particular vigencia en las instituciones educativas, habida cuenta de las necesidades de su transformación para ponerla a tono con los enfoques pedagógicos actuales, y con las exigencias que le demanda esta sociedad de fin de siglo.

La otra cuestión importante es que la escuela opera -en lo fundamental- con una franja etárea que por sus características las ubica como una edad propicia para iniciar los procesos preventivos.

Estudios epidemiológicos han señalado a la adolescencia como una edad de riesgo, y de allí que es aconsejable direccionar las acciones preventivas a los efectos de dar las respuestas pertinentes a las problemáticas que se plantean en ese período de la vida. Innumerables estudios han señalado a la adolescencia como una etapa de crisis (Pérez 1965, Abarastury 1968) donde una de las cuestiones centrales que la atraviesan es el de la identidad.

De allí que en el planteo de estrategias preventivas en la escuela debe tenerse presente esta cuestión, y acompañar este tránsito, a los efectos de afianzar los procesos por los cuales púberes y adolescentes puedan llegar a una equilibrada construcción del sí mismo, y generar los recursos internos adecuados para afrontar los desafíos que les plantea la vida adulta.

Porque entendemos que los procesos preventivos forman parte de la promoción y educación para la salud es que postulamos su incorporación a la currícula escolar. Y estamos abocados a la elaboración de una didáctica de la prevención, tema del cual nos ocuparemos en un próximo trabajo.

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Mimeo - Vínculo - Rosario 1998

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Observaciones: 

Horacio S. Tabares

· Psicólogo clínico y psicólogo social
· Profesor de Psicología
· Docente del Inst. Sup. Magisterio N° 14
· Titular (p/concurso) de Psicología Social de la Escuela Sup. de Museología
· Docente del Curso de Operador Comunitario en Salud Mental y Adicciones
· Docente del Curso de Asistente Sociofamiliar
· Docente del Curso de Preventores Adolescentes
· Director de VINCULO Centro comunitario de Salud Mental
· Director del Programa Psicoterapéutico del Centro de Día de Recuperación y Rehabilitación de Adictos
· Ha escrito y publicado trabajos sobre el tema
· Ha dictado Cursos de Post Grado en la Facultad de Psicología de la U.N.R. y en la Universidad del COMAHUE
· Ha dado charlas y participado en Congresos sobre temas de Adicciones

Av. Provincias Unidas 927 bis
2000 Rosario - Santa Fe
Tel.: 0341-4574438 0341 4403687

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