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EVANGELIO Convertios,
porque esta cerca el reino de los cielos Domingo II de Adviento, ciclo A S.R.:
“Tú eres Señor, el único Rey, +
Adviento:
tiempo para que nos preparemos a recibir dignamente al Señor que viene
=> espera
atenta y vigilante, preparación afectiva y efectiva. +
Nos ayuda hoy la figura de
San Juan Bautista, el precursor del Señor,
el último de los profetas del Antiguo Testamento (¡y primo de
Jesucristo!), que comienza a predicar poco meses antes de que Jesús
iniciara su ministerio público. +
Juan Bautista
->>
figura
clave en el tiempo en que Jesús se manifestó
al mundo.
En
la Biblia dice que antes de llegar el Mesías, Dios enviaría nuevamente
al profeta Elías para prepara y anunciar su llegada. Y en otro lugar de
su Evangelio, Mateo dice que este retorno de Elías se ha cumplido en la
persona y en el ministerio de Juan el Bautista. Por
lo tanto, se hace claro que Juan el Bautista es el último de los
profetas, que viene a anunciar que ya está por cumplirse todo lo
anunciado y prometido en el Antiguo Testamento. +
Algo que nos llama la atención: Juan el Bautista, vestido como el
impetuoso profeta Elías, no habla
de la llegada del Salvador con palabras que indican misericordia, sino
juicio y castigo (como lo habían hecho ya muchos profetas del A.
Testamento). Las imágenes que usa inspiran temor: hacha puesta a la raíz
de un árbol que no da fruto, fuego que no se apaga, la horquilla que
separa la paja del trigo… Es
obvio que la Palabra de Dios no pretende fomentar un cristianismo de “temor
y de angustia”, basado en el castigo. Pero el Evangelio nos
recuerda hoy que el Dios del Amor, cuya misericordia es tan grande que ni
siquiera podemos imaginarla, es también el Señor
de la Vida y de la muerte, que reclama definiciones, que espera que nos
juguemos por Él, que quiere cosechar donde no se ha sembrado y recoger
donde no se ha esparcido; que declara que quien no está con Él,
está en su contra; que espera que mostremos nuestro amor más con
nuestras obras que con nuestras palabras; que invita gratuitamente al
Cielo, pero expulsará a quien no tenga el traje de fiesta; es un Dios
festivo, pero que nos llama a la conversión, al arrepentimiento, y a la
penitencia mientras tenemos tiempo. La
misericordia de Dios no excluye su justicia. Una y otra se iluminan
mutuamente. Al final de nuestra vida, con la venida de Cristo, seremos
glorificados en el Cielo, o arrojados a lo profundo del infierno. No hay más
alternativas, no hay término medio, no cabe la neutralidad… Así de
grandioso y de terrible… Así en los labios de Juan el Bautista (“Den
frutos que demuestren que están convertidos”)… Así también para
nosotros hoy… -
Muchos judíos decían : “Nuestro
padre es Abraham…” -
Juan les responde: “de las piedras, Dios puede
sacar hijos de Abraham…” *
No digamos: “Soy
cristiano, soy católico”; demostrémoslo
con nuestra vida. Juan
anuncia al Señor que traerá “Espíritu
Santo y fuego” => purificación
para que Dios pueda habitar en nuestros corazones. +
Adviento:
preparación para el encuentro con el Señor que viene. Viene
en la renovación del misterio de la Navidad. Pero
también viene a cada instante, en las maneras secretas que tiene el Señor
de hacerse presente en nuestras vidas. Viene
el día final de nuestra vida en este mundo. Y
viene también para consumar la historia de los hombres, en el día final. Adviento:
tiempo
para reconocer las “visitas” de Dios, y preparase
para su Visita definitiva. Para
todas estas venidas tenemos que prepararnos. La
voz severa del “más grande de los profetas” (Juan el Bautista), nos
exhorta a cambiar nuestras
actitudes pecaminosas, nuestras actitudes menos cristianas; si se
trata de “preparar
el camino del Señor” => en nuestro corazón, rellenar los
baches, suprimir los desvíos, quitar los obstáculos, allanar las
colinas. +
Un aspecto muy concreto: la
vida de la Gracia de Dios en nosotros. Debemos superar la
mentalidad que sólo se conforma con la confesión cuaresmal, y con estar
en gracia de Dios “de vez en cuando”... +
Cada día Dios viene a nuestro corazón, y espera encontrar en el un hogar
en el cual quedarse a vivir para siempre... Pecado
= “portazo” a Dios en la cara, echándolo de nuestras vidas. “Estoy
a la puerta y llamo…” (Apocalipsis
3,20) Que
cada día recibamos a Jesús con las mismas disposición interior y el
mismo amor que María, en el primer Adviento de la historia.
Amén. EL ARCA DE NOE Todo
lo que yo necesito saber, lo aprendí del Arca de Noé... Una clase de computación...
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