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HACIA UNA ECOLOGÍA POPULAR ARGENTINA Propuestas en
Ambiente y Ecología de
ER
E01
Fecha de creación o
modificación del Documento
Autor/a ///Entidad Autora
por
Dr. Pablo Amestoy Los
cambios de toda índole, que los argentinos de buena voluntad deseamos que
se efectúen en nuestra Patria, con el objeto de convertirla en la tierra
que soñamos, sabemos o intuimos que están a nuestras puertas, pero
sabemos también que tienen una cualidad nueva. Esta cualidad es, nada más y nada menos
que una Revolución Ecológica. Si
dejáramos, sin más, allí la definición, la confusión sería mayúscula
y se pensaría, mayoritaria o totalmente, que nos hemos refugiado, como
tantos desencantados, solo en la defensa del ecosistema natural. Otros
moverían significativamente su índice sobre la sien o pensarían que
carecemos de la seriedad suficiente.
No obstante la definición dada es exacta, veraz y abarcadora. Se
ha dado en llamar ecología, en estos últimos momentos del desencanto de
sí misma de la modernidad (postmodernismo), a aquellos “parches”,
protestas, denuncias y también desvaríos, de ciertos sectores o gentes
que han hecho del cuidado de los bebés ballenas, las morsas, los delfines
o los tigres; la ionosfera, los bosques o las aguas, la meta política y
social de su actividad privada y/o pública. Motivo de grandes negocios,
penetración cultural, informativa y económica, la susodicha moda ha
pasado a integrar un tropo más de la contracultura de la “globalización”
en manos de los Estados de los países centrales, los usureros, los
empresarios “avisados”, las oligarquías y los tontos útiles o inútiles
de toda laya. Han convertido a la Ecología, como siempre, los menos....¡en
un gran negocio!
Qué
tendrá que ver entonces la ecología con una revolución de carácter
nacional, popular y social?...
Proponemos contestar a esta pregunta siguiendo un cierto orden:
1.- Se supone que la ecología es el estudio y el consiguiente
conocimiento, con enunciación de “leyes” a la manera de las ciencias
positivas, del o los ecosistemas o hábitats, o de los llamados “nichos
ecológicos”, que conforman la biosfera del planeta o dicho de otra
forma, las diversas ordenaciones de toda vida en relación con la tierra,
el agua, la atmósfera, el clima y el movimiento planetario y sus
interactuaciones en cada lugar geográfico particular. Sin olvidar la
influencia de la presencia del hombre y sus comunidades, costumbres,
actividades, cultura, alimentación, economía, etc.
2.- Pero esta Ecología construida sobre las pautas de las llamadas
“ciencias positivas”, expone, porta y exhibe, una constitución
metodológica, orgánica, descriptiva y finalmente propone acciones prácticas,
programáticas e informativo-propagandísticas, de claro corte
mercantilistas, con las consecuencias de esperar en cuanto a sus actitudes
respecto del hombre mismo y de su supervivencia, y lo que es mucho peor,
en relación con sus resultados.
Se ha convertido así, en un arma más, peligrosa y mortal para los
pueblos y las naciones periféricas, es decir para la inmensa mayoría de
la humanidad, en manos del llamado “primer mundo”. La “objetividad
científica” y el “riesgo de envenenar el planeta” con la
“desaparición de especies”, etcétera, postulan, ni más ni menos,
que la desaparición del hombre o al menos de estos molestos “atrasados
que envenenan la atmósfera de todos” o que dilapidan los “preciosos
recursos naturales no renovables” en sus experiencias e intentos de
querer vivir mejor y comer todos los días, educar a sus hijos, tener un
techo, salud seguridad y futuro. Además, -¡oh atrevimiento!- también
quieren ser libres y soberanos. La ecología primermundista, globalizante,
maltusiana y agónica, como casi todos los “productos” de una
Civilización en su ocaso, nos convoca al suicidio colectivo a los seres
humanos, eso sí, mestizos de sangre y/o de cultura, para tener un planeta
“limpio” y reservado a sus expansiones cinegéticas y turísticas;
limpio sí, pero de Humanidad.
3.-
Pero hay otra Ecología, que es una Ecología verdadera, y que no excluye
a nadie de su saber, de su método, de sus objetivos y de sus programas.
De ella vamos a tratar ahora.
No existen dudas del riesgo en que se encuentran muchas especies
animales y vegetales, terrestres, marítimas, fluviales y aéreas, el
entorno natural de bosques, los bosques mismos, el suelo, ríos, hielos,
atmósfera, es decir, la Tierra misma en su carácter planetario. Esto es
verdadero. Es así. Tampoco hay dudas respecto del riesgo de desaparición
en que se encuentra la especie humana (h.sapiens) en continentes enteros,
como África, vastas regiones de América y de Asia.
Obviamente, la responsabilidad o culpabilidad de todo esto hay que
buscarla donde se encuentra. La búsqueda del máximo beneficio sin límites,
la apropiación de los bienes de la Humanidad por un pequeño grupo de
usureros (que apenas pasan las 300 familias), la radicalización del
individualismo, insolidario y autista, las ideologías de soporte de esa
situación, la contracultura y su propagación por los medios de
comunicación globales, al fin y a la postre, la malignidad consciente y
la mentira sistemática, que conlleva la injusticia, que la humanidad toda
tolera como un terremoto o una epidemia, son los auténticos responsables
de los desastres ecológicos que sufrimos todos.
4.- Pero no acaba allí la cuestión, todo hombre sobre la tierra
vive en un determinado “nicho ecológico”, como toda vida. Pero además,
el hombre solamente
ES, en la historia. Es decir, su realización, en tanto
humanidad, ES en la historia y lo es también en tanto persona, familia y
comunidad nacional y cultural.
Sabiendo entonces quien o quienes son los responsables del
deterioro de la vida y del ecosistema del planeta, sabremos también que
son los mismos responsables del deterioro, empobrecimiento, distorsión o
aún desaparición del “nicho eco-histórico”, de hombres, comunidades
y pueblos o naciones enteras. La especial malignidad e hipocresía (el
cinismo cultural de nuestro tiempo), que deteriora el ecosistema
natural destruye, por los mismos motivos y en sus mismas operaciones,
el ecosistema histórico-cultural de personas pueblos y naciones, como
lo ha hecho la ambición neocolonial en África y lo hacen el narcotráfico
y la usura, con sus amplias secuelas, en América y en particular en la
Argentina.
5.- Tiempo hubo, hasta que la humanidad desarrolló su comprensión
y su dominio (dicho esto último no en el sentido de apropiación de lo
que no era de él, sino en el sentido bíblico de dominar el arte de una
relación armoniosa con su entorno) de carácter
progresivo sobre la naturaleza, tiempos en que el Ecosistema
Natural se imponía e imponía sus leyes sobre y en la historia. El
ecosistema histórico-cultural estaba sometido a esas condiciones en su
desenvolvimiento. El avance y expansión de la Civilización, modificó
esa relación, invirtiéndola. La primacía del ecosistema histórico-cultural
es hoy, claramente visible y desgraciadamente llega en el momento en el
que un grupo de saqueadores pretende apoderarse del planeta, globalización
mediante, dándole al ecosistema natural, el mismo tratamiento, que al
ecosistema histórico-cultural.
No hay distinción posible, en este punto del desarrollo de la
humanidad, entre ecosistema histórico y ecosistema natural. Es imposible
preservar uno –el natural- mientras se aniquila el otro –el histórico-
aunque es lo que intenta la “ecología globalizante y primermundista”,
pseudo-ciencia encaminada firmemente a reforzar las cadenas de una
humanidad disminuida e incapaz de resistirse por males “endémicos” y
catástrofes históricas provocadas directa o indirectamente.
El
afán de lucro sin límites, proponiéndose la apropiación de la
Humanidad misma, más que de los bienes de cualquier tipo, que sólo serían
así un pretexto, pretende una vía o una táctica para rendirnos.
6.- La filosofía clásica alemana, generadora de pensamientos e
ideologías en Europa Central (Filosofía de la Naturaleza, Hegel), antes
de la primera mitad del Siglo XIX, hace una distinción entre naturaleza e
historia, que sufren luego un interesante avatar conceptual. Los autores
de esa época definen a la historia como una obra del espíritu, de la
conciencia y de la libertad del hombre, cuestiones en que se transforma el
concepto del libre albedrío del ser creado. Y definen a la naturaleza
como el campo de lo material y de la rígida ley de la determinación en
ausencia de conciencia y, por consiguiente, de libertad. No obstante, la
llamada post-modernidad, esta decadente y patética cabriola final que
intenta a modo de último adiós, lo que fue la Civilización
Greco-Romana-Judeo-Cristiana, pareciera
concebir a la historia sin –volviendo al mejor concepto-
libre albedrío, ya que aparentemente, nada se puede hacer para modificar
este campo de concentración en el que creen habernos metido.
De esta manera, el hombre, la Humanidad toda, pierde su capacidad
de “hacer historia”, las personas de SER en la historia y los
pueblos, su misma identidad y personalidad histórico-cultural, ya que el
dios mercado no reconoce, naciones, culturas, diversidades ni
unidades identificadas e identificables, fuera de su contabilidad. Por
otro lado pretenden aplicarnos las llamadas “leyes de la naturaleza”,
e intentan otorgarle a la misma –ecología primermundista
mediante- una especie de conciencia y de libertad, superior a la del
hombre y a la que este debe someterse sin más, en aras de la
“conservación del planeta”, aunque muera de anomia, hambre o endemias
de cuño bíblico. Mágicamente entonces la historia se ha convertido en
“natural” y la naturaleza se ha “historificado”. He aquí entonces
una de las trampas que se nos han tendido.
Procedamos en consecuencia a desarmarla ya que sabemos que el daño
al ecosistema natural, es una consecuencia de la destrucción del
ecosistema histórico cultural y éste, consecuencia de la destrucción
–o del intento de ello- del hombre mismo.
7.- La posibilidad de revertir la situación descripta, de realizar
los cambios que los argentinos deseamos, es decir de llevar adelante una
verdadera revolución, está en
el hecho concreto de proponerse reconstruir el ecosistema histórico y el
natural, comenzar hoy mismo a construir una forma histórica que sea capaz
de desarrollar las potencialidades del hombre argentino, dentro del
desenvolvimiento de su propia raigambre cultural, dominando la relación
de armonía con la naturaleza, protegiéndola de sus propios excesos, y de
los ajenos, con el empleo de todo el instrumental técnico de que se
dispone, con las únicas
limitaciones que le impone la
misión de “poblar y henchir la tierra”, como hogar de la humanidad y
de nuestra patria, como hogar de los argentinos actuales y futuros.
Una Revolución como la que anunciamos, es tarea de varias
generaciones y deberá contar, sin
lugar a dudas del concurso organizado del Pueblo o lo que es lo mismo de
su participación cotidiana en la generación de cultura y de historia.
Deberá ser origen y también continuidad de procesos de carácter
profundo y también superficiales, que se resolverán en tiempos conocidos
o ignorados, previsibles y programables y otros ni siquiera imaginados.
Pero que indudablemente han tener como actor principal al hombre como
persona humana.
El hombre, en tanto persona, deberá disponer entonces de un “nicho histórico” donde pueda vivir y desarrollar su
personalidad sin descuidar, bajo ningún concepto, su hábitat natural, es
decir su “nicho ecológico
natural”. Si lo hiciere, no solo amenazaría su supervivencia histórico-cultural,
sino que sería demostrativo de que su “sistema”, es nocivo, malo,
para la naturaleza, por que es malo para todos los hombres. Nada que sea
malo para el hombre, puede ser bueno para la naturaleza, y viceversa, nada
que sea malo para la naturaleza es bueno para el hombre.
Así, la recreación de nuestro sistema histórico-cultural
(integral) exige también el abandono de las categorías ideológicas, los
modos y las formas, aún políticas, de la modernidad agonizante y la
paralela asunción de nuestra propia modernidad, que no es otra cosa que
la asunción, previa lectura y comprensión, no meramente histórico-político,
del desarrollo del espíritu del pueblo argentino y del pueblo mismo a lo
largo de los últimos 200 años. Aquí encontraremos
las bases de una doctrina argentina, superadora de esquemas ideológicos
de la Civilización que muere, producto de la praxis del pueblo argentino
y también las bases para la asunción de un estilo, el compromiso con una
empresa, la comprensión de un espíritu y la concreción de las formas
culturales, sociales políticas y económicas en el quehacer histórico
presente y futuro. Implica formular en el hoy de hoy, mucho más que la
Argentina que queremos, la que es posible dentro de los límites trazados,
entrelazados y autosostenidos que las cuestiones enumeradas configuran y
proyectan.
La eliminación de las causas del deterioro del ecosistema histórico-cultural
–que de esta forma es uno solo- consiste en someter el mal –que
habita inevitablemente en el hombre mismo- al bien común de personas,
familias, comunidades, naciones y continentes, fundando así, frente a una
Civilización agonizante, una Nueva
Civilización que para muchos se avizora ya junto al próximo milenio.
La Ecología Argentina, deberá ser o es ya en definitiva, una
Ecología Integral, histórico-natural, cuyo medio de realización es una
verdadera Revolución Ecosistémica, de carácter nacional, popular y
social.
No se trata de modelo ni de utopía, sino de matrices y paradigmas
que, correlacionados e históricamente activos, reemplacen a los agónicos
“modelos” actuales. Se trata de “portaciones” personales, y por lo
tanto familiares, comunitarias y nacionales. Esta será, frente a lo engañoso y esclavizante que
pretenden imponernos, nuestra sólida verdad, munidos de la cual, ningún
accidente o avatar personal o histórico nos amilane o cambie, habida
cuenta que dicho cambio solo puede serlo en nuestro propio beneficio y
también en el de los que hoy nos niegan el derecho a la existencia. Observaciones Toda aclaración referida al Documento
[*]: Requerir información sobre su coste y forma de pago. |
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